Llegas como un troll torpe derribando a zapatazos los pilares de la tierra. Lanzando exabruptos a derecha e izquierda como si la gente y la empatía no importaran. Y aún así tras de ti se amontonan los desheredados clamando consignas contra los áticos del mundo. Llegas a la fiesta masturbando la zambomba de tu ego sin límites, soplando enajenado la vuvuzela de tu falta de tino, para escupir falsas verdades sin que a tu alrededor la masa acabe amputada. Has segado sin pensarlo los derechos de millones con una ineptitud que asombra a las farolas de la historia. Qué pretendes con esa rotundidad de pavo descerebrado? Firmando decretos con sonriente cara de alfalfa y sin prever las consecuencias. De veras crees que no hay fronteras suficientes? O que los intereses de empresarios prepotentes importan más que el enfermo sin posibles? Cómo duermes cada noche, mientras el mundo contempla estufecto tus continuas patochadas? Yo no soy quién para dictar lecciones a las almenas de la tierra, pero sí puedo decirte que el poder no es un capricho, que cada despropósito conlleva consecuencias, que cada humillación es un acto de suicidio. Es cierto que el buenismo es a veces la peor de las respuestas, pero las gentes ya no admiten mucha más artillería. Detén un instante la camaradería extremista. Me consta que en el bolsillo olvidado de tus virtudes restan argumentos para recuperar la alegría.

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