Yo busco un lugar en el suelo donde estirar mi sombra. Agotado ante tanto desacato al talento. Harto de la turba que obedece las consignas de voces mediocres. Cuánto queda hasta que la juventud se derrumbe? Cuánto hasta que en tus ojos se apague el brillo que me ama? La gente vive abducida por placeres miserables, ignorando el irrevocable marchitarse de la carne y los sentidos. Yo viajo en las noches desiertas que a nadie importan. Ungido en sombras que atenúan los paisajes por los que me muevo. Yo vivo en los adustos eriales donde nada crece, ni siquiera la consciencia. Cuánto queda hasta que una célula descarriada nos amargue el calendario? Cuánto hasta que tus alegrías se vistan de luto? Me encaro al reloj que nos atropella el alma. Sin más razón que el latido étnico, primario, que repica en las sienes. Cuánto queda hasta que mi nombre sea sinónimo de silencio? Cuánto hasta que tu olvido se meriende mi rostro? Yo vivo extraviado en este laberinto y todos mis gestos delatan la audacia tribal de aquel simio primigenio. Convencido como estoy de que la civilización es un burdo maquillaje que tan sólo disimula las facciones de un mono loco.

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