Yo te veo agazapado en la noche bronca que todo lo extermina. Tiritando adrenalina mientras las sombras te cubren como harapos de seda. Desafecto para con la humanidad descarriada. Tuteando a las bestias de burda figura a cuyos colmillos tu piel ya es inmune. En la oquedad del silencio que te envuelve escuchas confundidos el rezo y la agonía. La gente ignora tu presencia en el ronroneo lóbrego de estos callejones. Cuando la luna despunta tras el humo gris que todo lo empaqueta, te iergues con el vello del lomo erizado como escarpias para ulular un grito de amargura. Jamás deseaste esta suerte: incólume a la maldad de los siglos sin que el latido avance hacia el cadalso. Yo te veo enemistado con las catedrales mientras las campanas vociferan sus consignas. La furia no conoce bondades y el ansia que te punza es un argumento insobornable. En esta oscuridad que todo lo consiente te veo husmear el rastro alimenticio de la sangre. No hay vacilación ni malentendidos que hagan menos cruel la caza. La vida de la presa pende de la voracidad de su asesino. El bosque es un refugio que no emite juicios y tus ojos cual hogueras inflaman la negrura que amortaja tu nombre.

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