Mira esta luna torera contemplarse con arrobo en las aguas plata de un estanque. Relucientes las mejillas como claveles granados al calor de un amante que todo lo concede. Bajo su luz azul y el vívido colorado del deseo la carne se estremece como si fuera inocente. Y el viento cabalga a lomos del hálito helado en un tronar de traca que retumba en los eriales y las cavernas oscuras. Yo no tengo nana que me acune en este frío polar que corretea en los jardines. Los dioses son despiadados como hierro al rojo vivo y yo, con las palmas abrasadas, sólo cuento con un verso tímido que me proteja de su ira. Rotas las amarras la vida me zarandea atolondrada como si la galerna se negara a la mesura y yo fuera un juguete roto sometido a la furia de titanes. Qué éter se esconde entre vísceras y sangre? Qué voz susurra bajo el reloj del latido? Hasta la mayor desgracia es un juego con el que la eternidad nos reta! He recorrido el calendario sin arredrarme, pues no hay herida que el bálsamo del tiempo no cicatrice. Enjaezado de espuma el mar cuchichea secretos que el hombre no escucha.

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