Ellos te ven como un animalillo tosco transitando las praderas, incapaz de enorgullecer a la raza con tu vagar de bestia embrutecida. Qué poca vista lucen algunos! Tú eres mi hermano de ojos claros y testuz prominente, rebosando inteligencia allí donde los timoratos veían pasiones groseras. Un protector de familia que en lo más arduo del clima consiguió sembrar la tierra y engendrar generaciones. Cuidaste con orgullo de tus ancianos y enseñaste a tus hijos el misterio de las estaciones, de las cosechas, de la caza, de cómo aguijonear la manada para capturar la presa. Hallaste cobijo en las cuevas, en chozas junto al río, en poblados a la intemperie, en ciudades que algún día seremos capaces de recuperar de entre las piedras. El loco del pelo rojo! Pintando misterios sobre la caliza con pigmentos artesanos, queriendo trascender a un tiempo que ya se te antojaba caduco. Viste tantas cosas que mis ojos se perdieron! Y sin embargo tu esencia impregna mi genoma, borrando de un sopapo la teoría del humano único. Te abrazo como a un familiar recuperado del exilio, para que sepas que tu esfuerzo no fue en vano. Enarbolo con orgullo la bandera con tu nombre. Y desde lo más frío de la tundra tu sonrisa generosa se confunde con la mía.

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