Corretean mis ojos sobre las curvas peligrosas de tu cuerpo. Cálido el asfalto que te moldea. Caótico tu pulso palpitando bajo mis ruedas incendiarias en un continuo chirriar de goma quemada, mientras trato de no colisionar en el brusco cambio de rasante de tus pechos. Es un rally en la distancia. Sin más chasis que mi cobardía innata. Sin otra intimidad que los pinceles en mi mente volcados en adivinar lo invisible. Derrapando la redondez de tus nalgas en una parábola sin futuro, como si yo fuera Fangio y tú Monza en un día soleado! Todo es veloz en esta fantasía. Tú cubriéndote de sombras en un callejón que sabes me está prohibido. Yo rememorando el circuito como un puzle goloso que nunca se termina. No existe final feliz para esta historia, porque en un zig zag descontrolado acabaré estrellándome en la humedad envenenada del túnel de tu sexo. Huérfano de tu última mirada. Archivado por deceso, con cara de pagafantas y el volante incrustado hasta la espalda.

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