Bajo la sombra de un baobab milenario nos sentamos tú y yo a esperar la medianoche. Rodeados de luciérnagas como soles correteando la brisa que endulza la mañana. Tú jugueteas con recuerdos a los que rescatas del olvido. Yo escudriño el firmamento en busca del cometa. Ambos sangrando oportunidades desaprovechadas por el costado malherido de la historia. Tú me bañas con el azul imposible de tus ojos. Yo, a proa de un bergantín enfilado a los arrecifes, intento capturar con mi anzuelo el terciopelo en tu mirada. Tengo que inventarme dedos para contar los siglos que deseo tenerte a mi lado, pero sé que tú intuyes con cuánta facilidad la soledad me suelta los amarres para enviarme de vuelta a un lugar sin compañía. Entre los jazmines que intoxican la tarde aguardamos tú y yo el desfile de las sombras. Tú con la cabellera susurrándole al viento secretos que sonrojan las nubes. Yo resuelto a derribar todas tus murallas antes que la oscuridad desluzca los brillos de mi última armadura. Ambos frecuentados con absurda constancia por esta tristeza que recorta la longitud de nuestras alas. Mientras en las playas la marea hurta las aguas en pos del horizonte.

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