Tú me hablas con palabras que desconocen la ternura. Alado, como en las grandes producciones. Genuflexo frente a la humanidad suicida con tu estampa portentosa de guerrero. Armado con esta espada ígnea cuyo mandoble es sagrado, por lo que cada muerte se perdona al instante. Tú me hablas con el verbo inflamado de los arcángeles. Harto ante una espera que te parece una pérdida de tiempo. Yo, que conozco vuestro temperamento matarife, trato de calmar con mis razones tus ansias homicidas. Queda esperanza, te digo. Porque apenas somos un soplo imperceptible en el guión de las esferas. Nuestro tiempo no es más que un suspiro en el almanaque de los dioses. Y esta avalancha de errores que nos caracteriza bien podría ser el prólogo a nuestra sabiduría! Tú me miras escéptico mientras te veo acariciar la empuñadura con nostalgia. Legiones enteras aguardan la señal del exterminio. No sería la primera vez que limpiaras la tierra de sus malas hierbas. -Mi mujer va a tener un hijo -confieso -Y de veras creo que mañana bien podría ser un nuevo día – Tú que sabes la razón de cada nacimiento sonríes con condescendencia, como si la sangre pudiera aguardar otro milenio y tus huestes aún no hubieran agotado su paciencia.

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