Tú me preguntas si mis palabras empoderarán al respetable. Y yo qué sé qué necesita oír la peña para atreverse a vivir sin complejos! Yo no atesoro respuestas a nada que les preocupe. Mi vida no es ejemplo para nadie y sólo la tenue fibra de cuanto escribo me separa del desastre. Qué podría yo enseñarle a un semejante como no sea a caer de bruces sobre el asfalto húmedo de la mañana? A rodar cuesta abajo por la pendiente de los días tras sufrir un tropezón estrafalario? A perderlo todo por mi propia inoperancia, porque nunca me importo de verás el oropel o las condecoraciones? Hemos demolido la educación que se despertaba con nosotros cada mañana para ceder el espacio a las fake news y al bramido gutural que nos exige guerra. Viajamos subidos a la desconfianza porque cada vecino es una oportunidad de morir reventados por un fan de las huríes. Exiliamos tras alambre de púas al niño que velaba la inocencia y hoy el espejo nos devuelve la imagen de un bobo caducado. Yo soy incapaz de empoderar a quien se ha jubilado de la vida, por miedo o por pereza.

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