Tú me miras con la ternura de tus cuencas vacías, tiritando el esqueleto en esta noche gélida de Octubre. Estás confuso, redivivo a medias, añorado del tic-tac que acompañaba tus pasos cuando la sangre caldeaba tus carnes hoy ausentes. Inseparable de la pupa y el gusano, bailoteas en precario equilibrio por entre las lápidas y las caléndulas mientras los vientos te atraviesan sin verte. Qué fue del espíritu que te impulsaba en medio de las gentes? Del corazón henchido por quereres que se marchitaron en la soledad del hoyo? Ahora apenas eres traje que nada cubre, contenedor que nada contiene. Y en esta noche de jolgorio tus huesos como marimbas se entregan a la bachata con un fervor que me enternece. Despojado de todo lo que te daba un nombre, brincas y te remueves como si la muerte en ti hubiera claudicado. Imbuido por estertores que te animan como un motor diabólico. Tratando de recordar destellos del hálito que te dio sentido cuando el sonrojo aún era posible. Yo te abrazo, intentando dar algo de calor a este perchero sin abrigos. Tú me miras con rostro desencajado y mirada ausente, consciente de que el futuro es un verbo que ya no conjugas.

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