Te sé torturada entre las teas ardientes del maltrato. Confusa en la masacre, como si las hostias no fueran motivo suficiente. Atada sin futuro a lomos de un bruto trasnochado cuyo cerebro se obturó en lo más tosco del primate, sin hallar ayuda para zafarte de la bestia. Yo carezco de experiencia para juzgarte. Pero quisiera decirte a gritos que hay salida, que hay mañana. Que no es necesario aguardar la puñalada para abrir los ojos a este sinsentido que te amorata la carne y la perspectiva. Que vivir nunca fue una penitencia. Que golpear nunca fue amor sino violencia. Que la mayoría está contigo y la justicia contra el cavernícola que confundió la hombría con ser un cobarde de cerebro rancio y chiquitito. No pases a engrosar las estadísticas, porque los números siempre caen en el olvido. Sal. Huye. Que el mundo desde arriba es mucho más grande de lo que parece a ras de suelo. Que no hay hombre que valga el sufrimiento de vivir siendo piñata de sus malhumores! Que hay paisaje suficiente para escribirte a ti misma una historia nueva.

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