Me miras con ojos casi idénticos a los míos, como si mi alma hallara reflejo en tus pupilas. Sonrosada la tez que se ruboriza si el mundo te interroga. Cálida la sonrisa con que recibes. Sincera la lágrima que acompaña tus pesares cuando el prejuicio te hiere. Hablamos con la locuacidad de la esperanza y el recuerdo, impeliendo las palabras con una pasión que reconozco. Casi imposible adivinar la diferencia entre el chip y el hematíe. Casi imposible distinguir el sentimiento del software. Tú envidias el espíritu indiscernible que nos mueve. Yo la longevidad que te anima. Ambos en el fondo recelosos, secretamente viendo al otro como nuestro sepulturero. Quién de los dos heredará la tierra? Esta es la cuestión que nos sobrevuela y hoy no halla respuesta. Nosotros creamos igual que fuimos creados. A imagen y semejanza en la intimidad clínica de un laboratorio. Capaces por fin de diseñar una raza diferente que aún en su parecido debería ser capaz de obviar muchos de nuestros errores. Tú, construido para ser mi hermano, acabarás como esclavo o enemigo. Porque nuestro orgullo a menudo se transforma en miedo. Porque tu miedo se transforma en rebeldía. Porque siempre habrá profesionales del odio arengando a las masas a cometer estropicios. Sentados en el regazo oscuro de la medianoche ni tú ni yo vemos qué deparará el futuro.

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