Te veo cabalgando sin brida por las planicies fértiles de las Pampas. Como una exhalación manifiesta entre el trigo, el maíz, la soja y la cebada. Inhalando a un tiempo el pedo del vacuno que destruye el mundo y el aire de libertad de quien reside a lomos de su montura. Te veo bajo las nubes oblongas del azul infinito, que aceradas y húmedas se precipitan al suelo en una cortina que empapa. Descansando bajo el ombú con el sombrero en los ojos. Como si la prisa fuera un mito que no procede y tú un pibe cachazudo. Me miras sorprendido, sin comprender mis motivos. Qué sentido tiene vivir recluido si el mundo bulle en extensiones que el ojo no cerca? Qué voy a contarte a ti que despides el día a miles de millas de donde saludaste la mañana! Yo viajo sin bruto musculado que me transporte, reacio al animal y a las obligaciones, pegado a la tierra como el gusano que ausculta el guiño espacial de las estrellas. No sé en qué día del futuro coincidiremos en la huida. Tú, galopando despavorido perseguido por la muerte. Yo, reptando con sigilo antes de que la vida me dé alcance.

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