Yo viajo en la luz azul de la medianoche, abrazado al viento helado que fricciona en un aullido los paisajes por los que nos deslizamos. Es invierno en el mundo. En todos los sentidos. Por eso te busco en las guaridas oscuras. Protegido de las nevadas que todo lo ciegan. Ronroneando bajo tierra mientras en la superficie las gentes se asesinan por un plato de sopa. Te busco en cuevas profundas como laringes, acurrucado en un rosco imperceptible mientras absorbes el calor hecho ascuas de una hoguera que se extingue. Afuera la gente chilla enfierecida por cualquier cosa, incapaz de diferenciar la verdad de la mentira. Chapoteando estúpida en un océano de noticias vírales que todo lo manipula. Tú auscultas en la roca el odio que se extiende y el temblor que precede a los arcángeles. Pero ni el Apocalipsis te incomoda. La Humanidad es una mancha pasajera, un runrún voraz que probablemente caduque en el próximo episodio, una cooperativa absurda cuyo único objetivo parece ser auto lesionarse hasta la extinción definitiva. Yo te veo caminando entre el maizal al mediodía mientras arden las metrópolis a tu espalda. La ambición del hombre y el devenir de la naturaleza: Antagónicos, como el oso polar y el pingüino.

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